Parte II. Cuando la bondad se convierte en estructura.
La semana pasada terminábamos nuestra historia de la Revolución de la Bondad con una pequeña llama encendida en Los Guido, en San José de Costa Rica.
Un grupo de familias, entre ellas la que forman Rosa, Eduardo y sus hijos, decididieron instalarse allí no solamente para desarrollar proyectos pastorales y sociales, sino para compartir la vida cotidiana con una comunidad especialmente vulnerable.
Podría parecer una diferencia de palabras, pero no lo es.
Porque con los años aquella intuición ha comenzado a convertirse en algo mucho mayor. La bondad ha ido tomando forma. Cuando la bondad se organiza y se estructura, aparecen lugares, proyectos, personas, oportunidades y caminos que antes no existían.
La parte de la historia que hoy compartimos recoge algo de lo que estas familias han venido construyendo, lo que nuestros protagonistas de la semana pasada hacen en la Misión Ignis Mundi.
No basta con querer a alguien…
Existe una idea romántica de la bondad.
Pensamos que ser buenos consiste principalmente en tener buenos sentimientos. Pero la verdadera bondad no se queda allí, nos inquieta y nos pone en movimiento, nos lleva a “hacer cosas”. Si se trata de una persona herida, la bondad nos lleva a tratar de curarla. Si la bondad se encuentra a un niño sin oportunidades, busca cómo generarlas y ofrecerlas. Si descubre a un joven rodeado de violencia, intenta ofrecerle otro camino. Si entra en una casa que se está cayendo, trata de reconstruirla.
En Ignis Mundi lo han entendido muy bien y han ido respondiendo. Por eso el cariño se ha ido convirtiendo poco a poco en proyectos concretos. Actualmente su trabajo social se despliega en distintas áreas que intentan responder a algunas de las diferentes necesidades clave que han ido encontrando en la comunidad.
La primera de la áreas la llaman Forja.
El recurso principal que utilizan en Forja es la práctica del deporte. Fútbol. Boxeo. Taekwondo. Skate. Voleibol… y mucho más
En un entorno donde la mayoría de los y las adolescentes viven y crecen demasiado cerca del mundo del narcotráfico, la violencia o la exclusión, una cancha o una clase grupal de algún deporte pueden convertirse en algo mucho más que un espacio de juego o de convivencia. Puede ser una frontera. De un lado está aquello que parecía inevitable: las drogas y otras adicciones, la prostitución, etc. Del otro, una posibilidad distinta, formarse para la vida.
Un entrenador que espera al joven. Un equipo al que pertenecer. Un horario. Una disciplina. Un esfuerzo. Una victoria. Una derrota. Y la experiencia profundamente humana de descubrir: “yo también puedo”.
Diariamente pasan por las áreas deportivas de la misión cientos de adolescentes y jóvenes que han encontrado allí un camino para vivir un estilo de vida saludable.
El precio que tienen que pagar por tener derecho a formar parte de este proyecto de práctica deportiva es el compromiso de asistir, al menos una vez cada dos meses, a una sesion de formación junto con sus compañeros. En este espacio trabajan temas como la autoestima, el desarrollo de competencias para relacionarse mejor, etc.
Este pago es obligatorio. Si no hay formación, no hay inclusion en el deporte. Y esta manera de establecer la transacción les ha funcionado.
Restaurar, impulsar, crear, dignificar
Pero hay heridas que el deporte por sí solo no puede curar.
Por eso existe también el área llamada Restaura, orientada al acompañamiento psicológico, personal y familiar. Porque la pobreza no siempre está solamente en aquello que falta alrededor. La pobreza y la marginación lastiman el alma. Y muchas veces dejan heridas dentro.
Hay historias familiares difíciles, soledad, miedo, violencia, pérdidas. Y una persona necesita mucho más que asistencia. Necesita que alguien tenga tiempo para escucharla. Y a veces esto tiene que ser acompañado por ayuda profesional.
A través de Restaura, la Misión Ignis Mundi ofrece la posibilidad de entrar en estos procesos complejos orientados a sanar el alma tanto de manera individual como en grupos terapéuticos.
El area Impulsa ofrece apoyo escolar.
Formación humana. Computación y en general alfabetización tecnológica. Acompañamiento educativo. Detrás de todo ello existe una convicción sencilla: la educación y la formación humana y académica pueden abrir puertas que durante generaciones permanecieron cerradas. Para muchos jóvenes, terminar sus estudios puede convertirse en un acto de rebeldía frente al destino obscuro que parecía escrito para ellos.
Existe también Crea, donde el recurso de ayuda es el desarrollo del Arte en sus diferentes formas: un grupo de ensamble musical, clases de pintura, etc. El arte se convierte en una forma de expresión, belleza y descubrimiento personal. Porque quien vive rodeado de precariedad necesita alimento y educación, evidentemente. Pero también necesita belleza. Necesita música. Necesita pintar. Necesita crear. Necesita descubrir que dentro de él existe algo que merece ser expresado.
Y finalmente está el área Dignifica, dedicado a intervenir de manera sencilla en hogares y lugares comunes para mejorarlos.
El nombre probablemente explica todo el programa. Dignificar. No consiste en regalar dignidad, porque nadie puede regalar algo que ya pertenece a todo ser humano. Se trata de ayudar a que esa dignidad pueda volver a respirarse.
Seiscientas u ochocientas historias
A través de estos programas, Ignis Mundi acompaña actualmente a entre 600 y 800 personas que forman parte de la vida cotidiana de la Misión. Podríamos quedarnos con la cifra. Pero sería un error. Porque no existen 600 u 800 beneficiarios anónimos . Lo que existen son historias concretas que se van iluminando y enriqueciendo día a día. Personas que están tratando de construir una vida un poco mejor.
En uno de sus programas recientes participan, por ejemplo, alrededor de 170 adolescentes. Periódicamente se reúnen para conocerse mejor, aprender a valorarse y descubrir que ellos mismos pueden convertirse en agentes de cambio.
Cada pequeño grupo es acompañado por un misionero.
Otra vez aparece la misma palabra invisible que atraviesa todo el proyecto:
Acompañamiento.
No hacer cosas para alguien. Es caminar con alguien. Quizá ésa sea una de las formas más profundas de bondad. Tocar la vida de otros y dejarse tocar por las vidas de los demás.
Veinte casas
Ignis Mundi todavía está en sus inicios.
El proyecto contempla ampliar progresivamente su centro misionero hasta crear una comunidad mayor, formada por alrededor de veinte hogares de misioneros. El lugar pretende ser al mismo tiempo comunidad, centro social y espacio internacional de formación de misioneros.
También ofrecen y facilitan el encuentro con la fe que a ellos les mueve.
Con total libertad, sin hacer proselitismo, sin forzar a nadie. Una vez al mes, por ejemplo, tienen una convocatoria abierta para quienes quieren participar en un espacio de oración comunitaria. Vienen muchas personas, cada vez más, a pesar de que la mayoría de los habitantes de Los Guido no se reconocen como practicantes de ninguna religion.
Pero la vida de quienes viven en la Misión genera atracción.
Muchos se acercan atraidos por la magia que allí se respira, por la manera como han logrado hacer de que quienes vienen a la Misión se sientan en casa.
Y quieren formar más misioneros. La idea es que personas procedentes de Costa Rica y de otros países puedan vivir allí durante un tiempo, aprender esta manera de hacer misión y llevar después la experiencia a otros lugares.
De esta manera el fuego puede extenderse. No creando sucursales. Creando personas encendidas por el fuego de la bondad. Personas capaces de regresar a sus ciudades, familias y países mirando de otra manera: a sí mismos, a los demás, a la sociedad, a Dios.
¿Hace falta marcharse a Costa Rica?
Mientras escuchaba a Rosa contar la historia de la Misión me surgía inevitablemente una pregunta: ¿Es necesario dejar nuestro país, nuestra profesión y nuestra casa para vivir así?
La respuesta de Rosa fue clara.
No.
No todos estamos llamados a convertirnos en misioneros de esta manera, conn estas características. Pero quizá todos estamos llamados a algo bastante más incómodo. A mirar alrededor. Porque muy cerca de cada uno de nosotros existen personas que anhelan ser vistas con afecto y cariño y tratadas con dignidad y respeto.. En nuestra familia. En nuestro trabajo. En nuestra calle. En una residencia. En una cárcel. En un hospital. En una escuela. En la persona que se sienta sola dos mesas más allá.
La misión no comienza necesariamente a diez mil kilómetros de distancia.
Empieza en el instante en que dejamos de preguntarnos únicamente qué necesitamos nosotros y comenzamos a preguntarnos: ¿qué puedo hacer yo ante lo que estamos viendo?
La revolución silenciosa
Vivimos rodeados de noticias que podrían hacernos pensar que el mundo está condenado a hacerse cada vez más duro.
Violencia, polarización, soledad, desconfianza. indiferencia.
Y quizá por eso necesitamos conocer lugares como éste, como Ignis Mundi incendiaando los Guido. No para cerrar los ojos ante los problemas. Precisamente para abrirlos. Porque mientras una parte del mundo destruye, existe otra parte de la humanidad, que además es mucho más numerosa, que sigue construyendo. Mientras alguien abandona, otros acompañan. Mientras alguien humilla, muchos más devuelven dignidad. Mientras alguien genera miedo, hay casas que se abren. Mientras alguien dice “no es mi problema”, otras personas deciden quedarse.
Y quizá aquí se encuentre el corazón de lo que llamamos La Revolución de la Bondad.
No una revolución construida desde grandes discursos. Sino desde miles de decisiones pequeñas. Personas que descubren que la bondad es una manera de estar en el mundo. Una elección. Una forma de mirar. Y finalmente, una forma de actuar.
En Los Guido, Costa Rica, unas cuantas familias han decidido vivir así.
Y aquel pequeño fuego comienza a extenderse.
Tal vez ésa sea la noticia verdaderamente importante.
Que el mundo puede cambiar. Probablemente no de golpe. Probablemente no mediante grandes gestos heroicos. Sino de la manera en que casi siempre comienza lo verdaderamente grande:
Una persona que decide hacer el bien, un puñado de familias que se organizan para vivir desde la Bondad.
Después vienen otras. Y después otras más. Hasta que un día descubrimos que alrededor de aquellas pequeñas llamas, aparentemente insignificantes, ha comenzado a nacer un mundo diferente.
Eso es lo que anhelamos todos.

