16. Norma Rico: De lápices a birretes

La historia de Norma:

Hay personas que van por la vida haciendo el bien. Es como si fuera parte de su naturaleza. Lo hacen de manera sencilla, espontánea, sin hacer ruido ni llamar la atención. Lo han hecho siempre, en todos los ámbitos. Lo hacen en su familia, con sus amigos, con personas a quienes apenas conocen… así van transformando la realidad. Poco a poco, de manera constante.

Una de estas personas es Norma.

Son muchas personas las que, a lo largo de su vida, han sido “tocadas” por su acción bondadosa.

Cuando reflexiona sobre su vida, Norma Rico reconoce haber nacido y vivido siempre en una familia claramente definida por el verde, el color de la Grandeza.

El servicio, la ayuda al otro y el liderazgo están engranados en su vida desde su infancia. Aprendió desde pequeña valores que hoy sigue preservando en su vida: la confianza, el interés por los demás, la amistad, el deporte, la responsabilidad, la importancia de la educación y la familia. Con estos valores encontró clara resonancia con el movimiento scout, en el que participó durante varios años en la Ciudad de México. Allí hizo algunos de sus mejores amigos y consolidó su vocación por ayudar y servir. Allí mismo estudió la Licenciatura en Nutrición y, más adelante, ya casada con Jorge, se mudó a la Ciudad de Querétaro junto con su familia, donde se convirtió en miembro de la Asociación de Padres de Familia de la escuela de sus hijas.

Pronto empezó a buscar cómo canalizar allí su pasión por la ayuda y el servicio y no tardó en encontrar a otras madres de familia con las que, en el 2004, puso en marcha, en alianza con el DIF, un proyecto de una casa hogar para niñas que habían sufrido algún tipo de abuso.

La visión del proyecto era proveer a las niñas de herramientas para que pudieran convertirse en mujeres independientes. En el 2009, decidió tomar distancia del trabajo directo en el proyecto, pero por mucho tiempo, siguió en contacto con las niñas, apoyando desde la distancia. Hoy en día, la mayoría de las chicas que estuvieron allí ya se recibieron de la universidad y todas han encontrado un trabajo digno con el cual ganarse la vida.

Poco después conoció la comunidad “El Pie” en el Estado de Querétaro, México, y le robó el corazón. Esto cambiaría su vida. Desde el primer momento que tuvo contacto con la comunidad, supo que ésta se volvería una parte importante de su vida. A treinta minutos de Juriquilla, esta comunidad alberga a alrededor de 150 familias. Lo que Norma encontró allí fue la problemática que se repite de manera muy similar a lo largo de todo México: muchos niños, después de sexto de primaria, dejan la escuela para siempre. Algunas veces dejan la escuela para trabajar en empleos informales y muy precarios, aunque estén todavía muy lejos de la mayoría de edad, pero muchas veces abandonan porque no cuentan con más instituciones de educación que la elemental en sus comunidades, la escuela primaria. Además, los maestros con los que cuentan son pocos y están mal preparados. Los recursos económicos y materiales destinados a la educación son absolutamente insuficientes.

Misión Educación Para Todos:

La voluntad de una—o dos—puede crear un efecto dominó que impacta a generaciones. En la comunidad, Norma conoció a unas gemelas que querían seguir con sus estudios de secundaria, para lo cual tendrían que asistir a alguna comunidad vecina. Necesitaban dinero para el transporte y Norma y sus compañeras pronto lograron que a estas niñas no les faltara este recurso.

De alguna manera, ellas fueron las primeras becadas de muchas más por venir. Eventualmente, la comunidad logró que se construyera una escuela secundaria y muchos niños lograron normalizar el poder concluir allí esos estudios, pero para ello los niños y sus familias necesitaban apoyo. La acción bondadosa de Norma y de su equipo se convirtió en un nuevo proyecto de becas y, poco a poco, cada vez más niños obtuvieron los recursos necesarios para graduarse de secundaria.

Las noticias viajaron como pólvora.

Pronto, personas de una comunidad vecina, en el estado de Guanajuato, se acercaron para ver si podían recibir apoyo y también beneficiarse de algunas becas. “A nadie se le puede negar la oportunidad de estudiar”, dice Norma. Su objetivo principal es impulsar la educación para todos y todas.

“A nadie se le puede negar la oportunidad de estudiar”.

Afortunadamente, la comunidad vecina contaba con un bachillerato tecnológico y muchos muchachos estaban entusiasmados por continuar su formación. Esta nueva etapa y mayor especialización educativa resulta más costosa para las familias, por lo que Norma comenzó la búsqueda de padrinos o madrinas, es decir, personas interesadas en becar a algún joven, con la condición de recibir las calificaciones de su ahijado o ahijada y una carta escrita por ellos sobre el desempeño académico logrado en el semestre.

La oportunidad de asistir al bachillerato abrió una puerta muy importante que puede cambiar el curso de la vida de muchas personas: la universidad. Esto implicó un nuevo desafío para Norma, ya que esto no solo significa pagar la colegiatura y el transporte, sino el alojamiento, la comida y cualquier otra necesidad que se les presenta en su nuevo hogar. El desafío del cambio que viven al mudarse de una comunidad rural a la ciudad es muy grande.

Misión continúa:

Hoy en día el grupo de Norma tiene a 20 jóvenes becados en el bachillerato y a 10 becados en la Universidad, a todos ellos los apoyan mes a mes.

En total, alrededor de 80 muchachos de bachillerato han sido apoyados y 30 han terminado ya la carrera universitaria.

Lo que más le pesa a Norma es que algunos pocos se quedan rezagados y no siguen con la siguiente etapa académica; pero aun así, cada día su objetivo se cumple. Apoyar a los más posibles a salir adelante.

La labor principal actual de Norma es asegurar que el proyecto siga vivo manteniendo el contacto con los padrinos y contactando a más personas que quieran apoyar.

“La gente es buena. La principal razón por la que la gente no dona es porque no se lo piden.”

“La gente es buena. La principal razón por la que la gente no dona es porque no se lo piden”.

La gente quiere ayudar, pero no sabe cómo; ella se acerca y direcciona la bondad.

El mayor gozo de Norma es escuchar las historias de los muchachos, saber cómo progresan, conocer de sus problemas y obstáculos y cómo los van sobrepasando, acompañar a los chicos en los buenos y malos momentos.

“Es como un regalo poder ver cómo los jóvenes se desenvuelven y cómo mejoran.”

En el mundo necesitamos de muchas “Normas”, que como ella, quieran ser puentes de esperanza y decidan estar allí, sin protagonizar, ayudando en lo concreto, en lo que muchas veces no se ve… 

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